"Estoy convencido de que la afición de una persona a un equipo determinado dice mucho de sí misma"
(Lo dice mi amigo @Vicent1c0 aquí mismo).
Me satura muchísimo escuchar siempre la cantinela de
que los aficionados al fútbol somos borregos anestesiados sin ningún
tipo de conciencia social. Además de ser un tópico manido en exceso es
una descomunal mentira y ejemplos no me faltan: la grada de
Bukaneros es
uno de los mayores ejemplos de compromiso y lucha social que conozco,
pero si pensáis que la grada de la ADRV es un ejemplo aislado podéis
acercaros a la tercera división (sí, curiosamente, existe vida más allá
de la Liga BBVA) para ver al
UC Ceares y sus jornadas culturales o leer.
Sí, leer, hay literatura sobre el fútbol que realmente merece la pena
más allá de las memeces que escriben los mismos juntaletras de As, Sport
o Marca. Por ejemplo '
Fiebre en las gradas' ('
Fever Pitch', Nick
Hornby. 1993) o '
Futbolistas de izquierdas' (Id. Quique Peinado. 2013).
Es obvio que las millonadas que mueve el fútbol con la que está cayendo
-y cuando no caía- resultan ofensivas y parecen directamente
incompatibles con defender ideas anticapitalista, pero lo cortés no
quita lo valiente. Además me parece un argumento tan estúpido como no ir
al cine por el dineral que cuesta grabar una película. Que el fútbol se
haya mercantilizado hasta estos niveles es, en parte, culpa de los
aficionados que lo hemos permitido. Básicamente nos han robado un
entretenimiento que era del pueblo y se jugaba para el pueblo y lo han
convertido en una cuestión de Estado. Y ahí sí hay una ingente masa de
¿personas? cuya máxima preocupación vital es que Mourinho se vaya a
seguir ganando dinero lejos de Chamartín sin importarle que sus hijos no
vayan a tener una educación pública de calidad. ¿Todos los aficionados
al fútbol somos de esta calaña? No, por supuesto que no.
Decía
que nos han robado el fútbol y a eso quiero volver. No hablo ya del
precio de las entradas para ver un partido de Primera División
(pregunten en Getafe al respecto), ni de que las camisetas de tu equipo
cuesten un riñón. Hablo de que lo han sobredimensionado todo para
alejarlo de los pobres mortales. Los aficionados cada vez pintamos menos
en nuestros respectivos clubes, nos han convertido en meros
consumidores, en clientes tontos que nunca tienen la razón. Paga tu
abono, paga tu entrada, ven al campo y no molestes mucho. Damos la vida
domingo a domingo por nuestro equipo, pagamos los viajes de nuestros
bolsillos, nos vamos a la otra parte del mundo a animar si es necesario,
llevamos un escudo en el corazón y lo paseamos con orgullo por todo el
mundo, pero no le importamos absolutamente a nadie. Y, además, somos
unos apestados sociales absolutamente incomprendidos. Pero nos da igual.
El
corazón tiene razones que la razón no entiende. Ser de verdad de un
equipo es una forma de pasión que todos esos que nos miran por encima
del hombro no van a poder entender porque no existe comparación posible.
Cuando el balón besa la red se alcanza un éxtasis difícilmente
descriptible. El corazón bombea más y más fuerte que en una situación
normal, eso seguro.
Lo que para mí significa el fútbol. Aquel gol de Miranda.
No
es la primera vez que en un mal momento anímico aparece el Atleti y me
rescata (sí, soy del Atleti y muy de izquierdas, son dos defectos como
cualquier otro). Así, sin esforzarme demasiado, me acuerdo de la
remontada al Schalke 04 en la previa de Champions o el partido contra el
Sevilla en casa de esta misma temporada. Y la final de Copa.
Nací en
1985 y pertenezco a una generación que ha crecido a la sombra del
'pupas'. Yo he visto a un Atleti que nada tenía que ver con aquel equipo
glorioso que se paseaba por los campos de toda Europa entre los 60 y
los 80. Salvo el Doblete de la 95/96, he visto al Atleti hacer muy pocas
cosas gloriosas. ¡He visto a mi equipo perder una final de la Intertoto
en casa, cojones! Y no hablemos de los dos años en Segunda División.
Así que imagínense... Era jodido ir a clase y ver como tus compañeros
celebraban Champions mientras tú hacías cuentas para ver si descendías,
sabiendo en lo más profundo de tu corazón que hay algo que no funciona,
que no puedes integrarte con ellos porque defienden algo que no... Que
no. Y así pasaron catorce años sin ganar al eterno rival, penando,insatisfecho y viendo que no te iba a tocar nunca sentir la gloria. Pero
es que marcó Miranda y...
Creo que pocas veces en mi vida he
tenido una mezcla de sensaciones tan extraña. Solté toda la rabia que
llevaba dentro, me tumbé en el suelo, lloré, grité, me alegré, me
acojoné ante la opción de que nos empatasen el partido, me volví a
alegrar, se me paró el corazón el tiempo suficiente como para asustarme,
pensé en dejar de fumar, me alegré otra vez, volví a llorar, me acordé
de mi abuelo, grité aún más fuerte, pensé en mi sobrina, y vinieron a mi
mente las caras de todos esos madridistas que me han estado tocando los
cojones durante estos años. Y todo esto en un plazo de no más de quince
segundos.
Y entonces todo pareció ser diferente. Creo que,
anímicamente, fue un bofetón (sigo diciendo que, después del nacimiento
de mi sobrina, este ha sido el día más feliz de mi vida) descomunal que
me catapultó hacia lo más alto. Desde ese día me siento capaz de
absolutamente todo y sé que es completamente estúpido, sé que en la vida
he conseguido un montón de cosas por mí mismo que nada han tenido que
ver con el Atleti, sé que es ajeno a mí, que a nadie de ese club le
importo, sé que es una soplapollez suprema. Pero es inevitable. Estoy
convencido de que este año todo va a ir bien porque el Atleti ha roto
con todo lo establecido y ha dado un puñetazo en la mesa. Y por eso me
gusta tanto el fútbol.
¿Es negativo sentir esta clase de cosas?
Parece ser que sí. A la mayoría de mis amigos no les gusta el fútbol y
casi todos me miraban raro cuando me pasé los tres días siguientes
alternando camisetas rojiblancas. "Pero tú que eres tan rojazo ¿cómo
puedes ser del Atleti?" me decían. Qué carajo voy a responderles... Es
por estas cosas por las que me gusta el fútbol.
Esto es lo que pienso del fútbol. Y más o menos en esta línea va a ir este blog.
Sean bienvenidos a este circo de lo absurdo*.
(Esta
entrada se ha escrito escuchando esta ristra de canciones... Fernando
Madina, vocalista de Reincidentes, es otro declarado seguidor del
Atleti)
*Esto lo cantaban los Barricada en Sean Bienvenidos.